¿Nos atemoriza el fantasma de la recesión en EE.UU.?

Los mercados accionarios globales comenzaron el año con una fuerte corrección. Medidos por su principal índice, el MSCI All Country World Index (ACWI) éstos cayeron -6,09%. Las caídas medidas en dólares fueron generalizadas, Estados Unidos (-5,07%), Reino Unido (-5,92%) Mercados Emergentes (-6,72%), Europa ex UK (-6,72%), Japón (-7,90%) y China (-12,73%) por mencionar algunos.

Entre las razones que se han dado para justificar estas correcciones están la desaceleración de China, la caída de precios de las materias primas, especialmente el petróleo, el alza de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), la apreciación del dólar, la debilidad del crecimiento global, especialmente en los países emergentes y la caída en resultados de las compañías, entre otras. Lo anterior ha contagiado al mercado de un creciente pesimismo y han empezado a levantarse los grandes fantasmas de la recesión en la principal economía del mundo y la posibilidad de volver a vivir una crisis como la del 2008. ¿Qué tan probable es éste escenario para el 2016?

Recientemente el Wall Street Journal citaba que 15 economistas de los principales bancos de Norteamérica asignaban una probabilidad de 20% a que Estados Unidos entrará en recesión este año. Esto debido a que la desaceleración de China, se iría expandiendo al resto de los países emergentes, afectando la demanda y la capacidad de pago de éstos, lo que junto a la apreciación del dólar y los problemas del sector energía, entre otras razones, afectaría severamente el crecimiento de las compañías norteamericanas y del país en general. Por su lado, los analistas han ido corrigiendo rápidamente a la baja sus proyecciones de crecimiento de resultados de las compañías, siendo éstas hoy 4,6% según el consenso de Bloomberg, habiendo estado sobre 6% hace sólo dos semanas atrás. También se señalan la contracción que está sufriendo el sector manufacturero, la caída en el crecimiento del sector servicios y el alza en las exigencias de los bancos para otorgar créditos, como fundamentos de este aumento en la probabilidad de recesión.

Si bien todo lo anterior genera preocupación, las turbulencias de mercado tendrían que ser capaces de afectar severamente a la economía y especialmente al sistema financiero para que suceda algo cercano a lo que experimentamos el 2008, y esto es algo que hoy es difícil de sustentar.

Comenzando por lo macro, el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su World Economic Outlook de enero del 2016, pronostica que la economía de Estados Unidos crecerá 2,6% tanto el 2016 como el 2017. Si bien esto es una baja de 0,2% para cada uno de estos años en relación a su reporte anterior, es superior al 2,4% del 2014 y el 2,5% del 2015. Lo que indica que Estados Unidos continuaría éste y el próximo año con un crecimiento bajo pero sostenido.

Sin embargo, lo anterior podría cambiar rápidamente si el sistema financiero se viera afectado por las amenazas mencionadas anteriormente y ello redujera significativamente su capacidad de otorgar crédito. De hecho la crisis del 2008 fue tan dura porque los créditos “subprime” impagos redujeron fuertemente la capitalización de los bancos. Según datos de un Working Paper del FMI la capitalización primaria de los bancos americanos el 2007 era 7,3%. Luego del último “Stress Test” hecho por la FED al cierre del 2009, ésta alcanzaba solo al 5,5% en los principales bancos del país. Este número es hoy 12,5% y las regulaciones implementadas desde la crisis han hecho al sistema bancario norteamericano mucho más conservador. Por lo tanto, Estados Unidos cuenta hoy con un sistema financiero mucho más sólido.

¿Podríamos entonces presagiar pérdidas suficientemente grandes para que éste se viera igualmente afectado?

Para ello primero debemos mirar a las familias, principal motor de la economía americana y quienes estuvieron al centro de la crisis anterior. Aquí vemos que la situación de ellas es más bien positiva. El desempleo se encuentra en 5%, nivel similar a los existentes antes de la crisis. Su endeudamiento ha caído desde más de 130% de sus ingresos anuales hasta un nivel cercano al 100%, lo que ha reducido su gasto en obligaciones financieras de 18,1% de su ingreso disponible el 2007 a 15,3% el 2015. A lo anterior se suma que la caída en el precio de la energía les entrega una importante holgura adicional.

Una segunda fuente de inestabilidad sería que las turbulencias externas afectaran a Estados Unidos. Pero aquí hay que recordar que Estados Unidos es una economía más bien cerrada, por ejemplo sus exportaciones representan solo el 13,5% de su PIB. Y si bien las empresas incluidas en el S&P 500 están más expuestas, sus ventas en el extranjero alcanzan sólo al 33% del total, y las carteras de crédito de los bancos se concentran fuertemente en el mercado local.

La fuente que más frecuentemente se cita es el impacto que tendría el aumento de problemas de crédito en el sector energía sobre la economía y el sistema financiero. Un reciente artículo de The Economist indicaba que con el petróleo a US$ 30 el barril solo un 6% de la producción global quedaba bajo su “cash cost”, y dentro de ésta no se encontraba la de “US Shale”. Además este sector representa sólo un 7% del S&P 500 (el sector de materiales representa otro 3%). Por su parte, al reportar resultados, los bancos norteamericanos se refirieron al impacto en sus balances por el deterioro del sector energía y si bien los ha llevado a aumentar sus provisiones y castigos son todavía números muy pequeños. Por ejemplo Wells Fargo, aumentó sus castigos de US$ 731 millones a US$ 831 millones el último trimestre principalmente por el deterioro de sus clientes en esta industria, lo que es aún muy bajo para un balance de casi US$ 1.800.000 millones.

Relacionado con el bajo precio del petróleo, las recesiones en el pasado se han originado por alzas en el precio, no porque que éste esté muy bajo. El dilema hoy es más bien por qué no ha ayudado más a la reactivación. Aunque la caída de este sector le dará algunos dolores de cabeza a los bancos, es muy difícil imaginar que pueda producir un desequilibro como el que provocó la crisis “subprime”

De este modo, si bien es cierto que podemos imaginar escenarios catastróficos, los datos disponibles hasta ahora hacen muy difícil imaginar que la situación actual pueda gatillar en el corto plazo una recesión en Estados Unidos, y menos aún una crisis como la del 2008. La corrección sufrida durante enero fue fuerte pero ajustó las valorizaciones a niveles cercanos al promedio de los últimos 10 años, por lo que en ausencia de nuevos shocks negativos, podríamos esperar que el mercado se estabilice. Lo que necesitamos para que éste suba nuevamente es que las utilidades retomen su senda de crecimiento, lo que iremos monitoreando durante el año.

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Fernando Gómez
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