It’s the Politics…

Durante marzo el MSCI All Country World Index (ACWI), el principal índice de acciones globales, cayó -2,37% cerrando el primer trimestre con una rentabilidad negativa en dólares de -1,41%. Definitivamente un mal inicio de año, pero nada dramático hasta ahora, aunque se siente más duro debido a la corrección de -8,14% desde su peak de enero.  Los mercados emergentes con una rentabilidad de +1,07% en el trimestre han sido los de mejor comportamiento, y junto a Japón de un escaso +0,07%, los únicos con retorno positivo.

¿Dónde podemos encontrar el origen de esta corrección y qué podemos esperar para el resto del año?

Primero es bueno despejar lo que no es. La economía mundial se mantiene creciendo saludable y coordinadamente, el empleo sigue creciendo en casi todo el mundo, la inflación continúa baja y los Bancos Centrales, aunque algo más cautos, mantienen en el agregado sus políticas expansivas. En resumen, no es la economía.

No cabe duda que las valoraciones de las acciones, con la excepción de Japón, se encontraban a principios del año en niveles muy elevados. Estados Unidos y los Mercados Emergentes, estaban en valores que no se veían hace 15 y 8 años respectivamente, y Europa muy cerca de los máximos de 10 años alcanzado a fines del 2014.

Debido a lo anterior, luego de un “Bull Market” que se ha extendido por 9 años y de un 2017 donde el ACWI rentó +21,62% es perfectamente normal una corrección de la magnitud que hemos tenido hasta ahora. Incluso la volatilidad medida por el VIX (volatilidad de las opciones del S&P 500), que nos ha sorprendido subiendo de 11,04 al cierre del 2017 al 20,17 actual, no se aleja mucho de su promedio de largo plazo de 19,41. Por lo tanto en ausencia de unan razón adicional sería perfectamente natural hablar de una buena oportunidad de compra ya que las valoraciones actuales son bastante menores debido a: 1) la corrección de precio, 2) a que las utilidades de las compañías han continuado creciendo de forma muy saludable y, 3) en el caso de Estados Unidos, las proyecciones de crecimiento han mejorado debido a la baja de impuestos implementada por dicho país.

Sin embargo, la dimensión política global ha ido sufriendo un continuo deterioro que hasta ahora no ha tenido un gran impacto en lo económico pero que sí podría tenerlo a futuro.

Si uno revisa la conducción de las principales economías y potencias globales hay varios temas que preocupan. En Rusia y China cada vez queda más claro que van a estar dirigidos por líderes que perfectamente pueden pasar a ser vitalicios. Generalmente una mala receta de largo plazo. En Japón, Shinzo Abe logró ser elegido más por su postura militar fuerte frente a la amenaza de Corea del Norte que por el avance de sus reformas económicas. En Europa, el Brexit continúa siendo una distracción tanto para el Reino Unido como para la Comunidad Europea. En Alemania, Angela Merkel estuvo meses sin poder armar gobierno y en Italia facciones populistas han ido tomando cada vez más fuerza. La excepción por ahora es el liderazgo que aún mantiene Macron en Francia.

Pero quien definitivamente se lleva todos los titulares es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Hasta fines del año pasado sus posiciones erráticas frente a muchos temas, sus obsesiones como el muro con México, los temas de inmigración, las bravatas con el líder de Corea del Norte Kim Jong Un, o las continuas rotaciones de su gabinete no habían afectado ni la trayectoria económica de su país ni la del mundo. Las bolsas habían continuado su camino ascendente debido a que en lo económico había impulsado mayoritariamente sus políticas pro crecimiento, como la reforma tributaria o la simplificación de ciertas regulaciones. Si bien lo anterior se ha mantenido, el gran cambio ha sido la aceleración de políticas proteccionistas y especialmente las recientes y crecientes amenazas de imponer a tarifas arancelarias a un número cada vez mayor de productos chinos.

El aumento en el comercio exterior y la reducción de trabas al mismo durante varias décadas ha sido una de las principales razones del crecimiento global y, especialmente, del mundo occidental. Es por lo mismo que es muy frustrante ver a la principal potencia de occidente y el mayor promotor de esta libertad comercial ir en camino contrario.

Es difícil imaginar que el objetivo final de Estados Unidos sea tener fronteras cerradas y por lo mismo la hipótesis más probable es que todo sea una postura de negociación. Sin embargo, estas posiciones negociadoras uno sabe cómo empiezan, pero luego los egos empiezan a aparecer y no hay forma de saber cómo terminan. El problema es que Donald Trump pareciera que ve los déficits bilaterales como un juego de suma cero y dónde gana aquel país que tiene superávit. La realidad es que mientras Estados Unidos gaste más de lo que ahorra, aunque logre cerrar el déficit con un país,  le va a aparecer por otro lado pero con un equilibrio macro menos óptimo que el original. Esto deterioraría el bienestar agregado de Estados Unidos y del mundo en general.

Si bien no podemos aún hablar de una guerra comercial entre China y Estados Unidos, el proceso y la escalada dan espacio para preocuparse. Hay que recordar que Estados Unidos inició este proceso hace algunos meses con tarifas a las lavadoras y los paneles solares, luego vino el acero, le siguieron los US$ 3.000 millones a productos chinos, que subieron a US$ 50.000 MM y a los que recientemente le sumaron US$ 100.000 MM. China por ahora ha respondido igualando los montos y llevando a Estados Unidos a la Organización Mundial del Comercio.

No podemos saber cuál será el fin de esta historia y por ahora pareciera que China está en la posición de responder solo con la misma intensidad para demostrar que no se va a dejar pasar a llevar, pero abierta a negociar. Por el lado del presidente Trump pareciera que es principalmente una posición negociadora y que si China le deja algún ángulo donde pueda gritar al mundo que ganó, va a llegar a un acuerdo.

El otro tema importante que ha estado afectando a los mercados son los ruidos relacionados  a varias compañías de tecnología cuya cúspide hasta ahora han sido los recientes testimonios ante el congreso americano de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, producto del caso de Cambridge Analytica. También es preocupante la obsesión de Donald Trump de amenazar directamente a Amazon.com y específicamente a Jeff Bezos, su fundador. Bezos también es dueño del Washington Post, cuya línea editorial no es del agrado del presidente de Estados Unidos. El sector tecnología ha sido el que ha liderado el mercado americano por más de 10 años  y la incertidumbre que estos hechos levantan sobre potenciales cambios regulatorios no pueden pasar desapercibidos.

El mundo sigue en un buen pie y las valoraciones se encuentran hoy a niveles más atractivos. Sin embargo, los temas políticos le han puesto a los mercados una buena dosis de incertidumbre. Si estos se disipan sin afectar la salud económica global los mercados debieran retomar su tendencia al alza. Lo que sí pareciera ser una certeza para lo que resta del año es que será bastante más turbulento que el 2017.

 

Fernando Gómez
fgomez@dvacapital.com